¡Qué emoción! . Me emocioné hasta las lágrimas. Qué ganas de llorar. Me arrancó un par de lágrimas. Se me hizo un nudo en la garganta.Todas estas frases nacen desde el sentir, ante el efecto que, diferentes situaciones presentes, recuerdos del pasado o presagios futuros, producen en nuestra interioridad. Es un intento de explicar en palabras algo que sucede en nuestro ser y que necesita una descarga. Con frecuencia esa descarga se produce a través de las lágrimas y podríamos arriesgarnos a decir que este es el modo más natural. Lágrimas producto unas veces de la alegría y otras tantas del dolor.

En otros casos la descarga se produce a través de gritos, movimientos, síntomas orgánicos o trastornos de algún tipo. Lo esperable es que una persona que ha madurado, pueda hacer esta descarga, sumando a las lágrimas que puedan surgir, la puesta en palabras de las emociones.

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Estando de vacaciones con un niño de cinco años, en un momento de silencio, lo observé pensativo. De pronto expresó “¿Sabés que a veces mi (es textual no es error) emociono y lloro?”. Respondo “¿Ah, sí? Contame”. “Sí, por ejemplo cuando los reyes magos me trajeron la bicicleta.” Este es un episodio maravilloso, que muestra la plena conciencia de este niño de lo que le estaba sucediendo. Reconoce este fenómeno como una emoción, hace mención de la descarga que se da en forma de llanto y tiene en claro que corresponde a un momento de mucha alegría. Hago hincapié que además para este niño varón era legítimo llorar. Es decir que aún nadie le había dicho “los hombres no lloran” o “no seas maricón”. Estaba aprendiendo una de las maneras de gestionar una emoción. Siento, pongo en palabras, me doy cuenta de la circunstancia que ha producido esta emoción, dejo salir la descarga y me alivio. La emoción ha sido tramitada. No puedo dejar de decir lo que me emocionó observar este proceso en un niño tan pequeño.

Veamos ahora otro ejemplo. Un niño de diez años acaba de perder a su primer perrito que fue atropellado por un auto. Al día siguiente lleva una foto de la mascota y se la muestra a su maestra, le cuenta su pérdida, la docente acota “lo tendrías que haber cuidado”. El niño guarda su foto y también guarda su dolor. No hubo espacio para que pudiera hablar de lo que le sucedía. Se obturó la posibilidad de tramitar la emoción de modo saludable. Al día siguiente el niño faltó a la escuela por presentar un cuadro febril.

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De estos relatos se desprende que la emoción puede surgir tanto de la alegría como del dolor. Pero qué sucede cuando contactarse con ese dolor supera la posibilidad de tolerancia y/o no puede ser tramitado. La puesta en palabras queda detenida, le impedimos decir lo que sucede, le tapamos la boca. Y en el caso que nos ocupa, tapamos la boca con comida. Aparece la angustia y tratamos de negarla con algo rico. Por lo tanto no siempre comemos por hambre, sino por una ansiedad flotante que resolvemos y calmamos comiendo.

Tramitar las emociones es un aprendizaje secuencial que va atravesando diferentes etapas de acuerdo como vamos creciendo. En este proceso intervienen también lo cultural, el sistema de creencias, prejuicios y mitos. No siempre el sentir está legitimado o valorado como un aspecto esencial de los seres humanos. Si durante nuestro crecimiento aprendemos que llorar es algo malo, en vez de considerar las lágrimas como un bálsamo para el alma, tanto como la lluvia es beneficiosa para la siembra. Si nos enseñan que hay que olvidar las experiencias negativas, en vez de tomarlas y transformarlas; tal como hay que trabajar la tierra para que sea la madre nutricia de las semillas que albergue. Si alimentamos la idea que si priorizamos el sentir sobre el pensar, somos personas débiles y sensibleras. Entonces nos iremos endureciendo como se endurece la tierra cuando no se trabaja.

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Si queremos transitar un camino hacia nuestro bienestar, sería deseable que revisemos nuestro modo de gestionar las emociones, perdamos el temor al dolor y nos contactemos con él para transformarlo y aprender a poner en palabras lo que nos sucede.

Mindfulness es una valiosa herramienta para desarrollar la atención plena y estar presente allí donde necesitamos. La felicidad es un encuentro entre la alegría y el dolor, ambas son necesarias para tejer el bienestar. Cuando no logramos atravesar el dolor, que a todos los seres humanos se nos presenta en algún momento de la vida, ese dolor se pudre dentro nuestro y se transforma en sufrimiento. No se trata de olvidar, por el contrario es bueno recordar, transformar y seguir creciendo.“La memoria es a las emociones como la tierra es a las semillas”. Cuanto más preparamos y trabajamos la tierra, mejor crecerán las semillas que plantemos. Si tomamos nuestras experiencias dolorosas trayendo nuestra memoria al presente, y las transformamos, las emociones serán frutos de nuestra vida. Dice un dicho popular que “No hay que quedarse esperando que pase la tormenta, hay que aprender a bailar bajo la lluvia”.