Jeanne Moreau, la inolvidable actriz francesa falleció el pasado 31 de octubre luego de transitar durante 89 años por este  mundo.

La desaparición de Jeanne Moreau viene precedida de  una carrera brillante de 145 películas. Buenas, malas, regulares, excelentes.  Es difícil elegir el mejor de su trayectoria un film con Jeanne Moreau garantizaba el placer de verla convertirse en  infinitos personajes.

Aquellos  años 50 de una nueva   promoción de realizadores también dieron a conocer los films de un joven Louis     Malle pareja de Moreau. Entre tantas adjetivaciones acerca de Moreau, puede decirse que era sensual, con una carga erótica que supo dosificar.  Más alla de su boca con gesto duro, retorciéndose limitada  por un poderoso mentón, se halla la  “mujer fatal” con un sentido buñuelesco.

“He seducido a muchos hombres. Siempre me incliné por hombres con talento. No tuve amantes por tenerlos”.

Moreau  impuso su sello de manera impresionante. Moreau era sus personajes. Su  condición de mujer libre y desprejuiciada, puede verse hoy como la “avant-garde” de los feminismos actuales. Curiosamente, o no tanto, los personajes que representara,  parecen encerrar siempre un cierto aire factible de la Moreau mujer, esa que se refleja nítidamente en sus declaraciones y corroboran justamente actores y directores con los que trabajara.

Los años cincuenta fueron especialmente particulares para los uruguayos. Para bien o para mal, en 1950  Maracaná queda a los pies del fútbol uruguayo. Luego el fútbol uruguayo fue colocado a los pies de otros. En 1958 se celebran elecciones nacionales. Por la tarde del 30 de noviembre, los colorados, gobierno desde los inicios de la patria comprobaban que las urnas comenzaban a serle esquivas. La noche de ese domingo la agrupación del Partido Nacional, UBD (Union Blanca Democrática), celebraba la victoria.

Los sueños de la UBD (“O gana la UBD o todo sigue como está” era su eslogan), lo fueron de una sola noche. Al despertar comenzó la pesadilla. Una habilidosa jugada política: la alianza del Herrerismo con Chico Tazo (Benito Nardone, un peculiar caudillo del Ruralismo, de origen colorado) con los votos recibidos del interior,  fueron finalmente los vencedores.

Esa década vió también al Gral. Dwight D. Eisenhower, héroe  de la Segunda Guerra Mundial, llegar al Uruguay en visita fraterna (en realidad una inspección de empresas norteamericanas en el Uruguay).

La llegada  de TV, el florecimiento de las exhibiciones cinematográficas,  que a comienzos de la década superaran los veinte millones de espectadores, conmocionaron a la industria del ocio.

Esos fueron los años en que  Punta del Este se realizaron los fastuosos festivales cinematográficos de 1951 y 1952. El resto es silencio. No obstante, algunas cinematografías europeas, deseando competir con el monopólico Hollywood,  iniciaron la moda (que dura  hasta hoy) de realizar “Semanas” de tal o cual cinematografía. Las mismas continuaron (también hasta hoy) en el vetusto cine Cantegril, la sede de los Festivales.

En marzo de 1958, el balneario puntaesteño asistió a una Muestra de cine Europeo, que fuera presentada por diversos actores y actrices visitantes. Aunque no conocemos el informe meteorológico de esas jornadas es de suponer era cálido.  Al menos eso era lo que reflejaba desde su  bikini, la actriz francesa Jeanne Moreau (1928-2017) en las arenas de la Brava. Había llegado para presentar el film en que actuaba: “Ascensor para el cadalso” del notable Louis Malle, joven director de 26 años, quien fuera pareja de Jeanne Moreau, ratificando las palabras de la actriz.

Transcurrían los años 50  y comienzos de  los sesenta y la lista de films e importantes realizadores en la trayectoria de  Jeannae Moreau prosigue. Films vistos en un Montevideo sin cines con pop corn, refrescos y los actuales productos bastardizados por una industria a la que el arte del cine suele serles ajenos.                             :.

Ascensor para el cadalso o Los amantes (Louis Malle, 1958), Los cuatrocientos golpes (François Truffaut, 1959), por pequeña que fuera su participación, Las relaciones peligrosas (Roger Vadim, 1959), Moderato cantabile, junto a Jean Paul Belmondo (Peter Brook, 1960), la escalofriante Diálogos de carmelitas (Philippe Agostini junto a figuras  gigantescas. Buñuel que la requiere para Diario de una camarera y  Orson Welles  para El Proceso. Y otras  deslumbrantes películas. Y estamos hablando de un  país considerado culto. Culto y pacato. Los amantes  y                   Jules et Jim fueron duramente tratadas por la crítíca católica.