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En Uruguay, hablar de seguridad pública suele implicar cifras de delitos, operativos policiales o estadísticas de criminalidad. Sin embargo, hay otro tema que avanza silenciosamente dentro de las filas policiales y que preocupa cada vez más a autoridades, sindicatos y especialistas: la salud mental de los funcionarios policiales.

En el último tiempo, la problemática volvió a quedar en el centro del debate, la semana pasada un efectivo que cumplía sus funciones en la Seccional 22 de Montevideo,  se suicidó en el barrio Nuevo París. 

Según datos relevados por organizaciones policiales, 17 funcionarios se quitaron la vida en poco más de un año, una cifra que genera alarma dentro de la institución y abre preguntas profundas sobre las condiciones psicológicas en las que trabajan miles de efectivos en todo el país.

Detrás de cada número hay historias personales, familias afectadas y compañeros que deben continuar trabajando en un contexto emocional muchas veces complejo.

Un problema que supera el promedio nacional

Cuando se analizan los datos con mayor perspectiva, la situación resulta aún más preocupante. Entre 2019 y 2023 se registraron alrededor de un centenar de suicidios de policías en Uruguay, según datos presentados por el Ministerio del Interior.

La tasa de suicidios dentro de la Policía se ubica aproximadamente en 38 cada 100 mil efectivos, mientras que en la población general del país la cifra ronda los 21 cada 100 mil habitantes.

Esto significa que la incidencia del suicidio en la Policía prácticamente duplica la tasa nacional.

Se trata de un fenómeno que no es exclusivo de Uruguay, pero que en el país adquiere características particulares, en un contexto donde el suicidio ya es considerado un problema de salud pública.

El perfil más frecuente

 Los estudios realizados por el propio Ministerio del Interior permiten identificar algunas características comunes entre los casos registrados.

El perfil predominante es el de hombres jóvenes, muchas veces en los primeros años de carrera policial. La franja etaria más afectada se ubica entre los 18 y los 25 años, y en su mayoría se trata de funcionarios de grados bajos, como agentes o cabos.

También se identificó que la gran mayoría de los casos involucra a hombres, aunque también existen casos de mujeres dentro de la fuerza.

En cuanto a las causas, los especialistas coinciden en que el fenómeno es multifactorial.
Los informes oficiales indican que en muchos casos aparecen factores personales o familiares, como conflictos afectivos o problemas intrafamiliares.

Pero al mismo tiempo, diversos actores señalan que el contexto laboral no puede quedar fuera del análisis.

El vocero del Sindicato Único de Policías del Uruguay, Ricardo Gonzalez, es uno de los integrantes de la Comisión de Salud Mental que creó el Gobierno para atender la problemática. En diálogo con Punto de Encuentro, explicó el trabajo que llevan adelante y anunció la presentación de iniciativas que buscan mejorar las condiciones laborales de los efectivos. 

El peso del uniforme

Ser policía implica enfrentar situaciones de alto estrés. Intervenciones violentas, contacto frecuente con la muerte, turnos extensos, trabajo nocturno, presión social y exposición permanente a situaciones traumáticas.

Desde el sindicato policial se advierte que ese desgaste emocional muchas veces no encuentra los espacios suficientes de contención psicológica.

Especialistas en salud mental señalan que la exposición constante a eventos traumáticos puede generar cuadros de estrés crónico, ansiedad o depresión si no se cuenta con apoyo adecuado.

A esto se suma un factor cultural que todavía pesa dentro de muchas instituciones de seguridad: la idea de que mostrar debilidad emocional puede interpretarse como una señal de fragilidad profesional.

En otras palabras, muchos policías prefieren no hablar de sus problemas psicológicos por temor al estigma.

Acceso a armas y riesgo

Otro elemento que suele aparecer en los análisis es el acceso permanente a armas de fuego.

Las estadísticas muestran que casi seis de cada diez suicidios de policías se realizan con armas de fuego, muchas veces utilizando el arma reglamentaria.

Esto convierte al problema en una cuestión especialmente delicada, ya que el medio letal está disponible en el entorno cotidiano del funcionario.

Ante esta realidad, el Ministerio del Interior ha aplicado en algunos casos medidas preventivas como el retiro del arma reglamentaria cuando se detectan problemas de salud mental o situaciones de riesgo.

De hecho, en un solo año más de dos mil policías fueron evaluados por juntas médicas vinculadas a situaciones de salud mental o denuncias, lo que muestra la dimensión del problema dentro de la fuerza.

Las respuestas institucionales

En los últimos años, el tema comenzó a recibir mayor atención institucional.

Dentro de la estructura del Ministerio del Interior funciona la Dirección Nacional de Sanidad Policial, que cuenta con servicios de psiquiatría, psicología y programas específicos de seguimiento.

El director Nacional de Sanidad Policial, Julio Rappa detalló los trabajos que se llevan adelante en el Hospital Policial y destacó los tiempos de espera, algo que desde el sindicato se reclama que sean más rápidos, sobre todo en la puerta de emergencia. 

Además, existen unidades especializadas en estrés laboral, asistencia psicológica permanente y equipos de salud mental distribuidos en distintos departamentos del país.

Por su parte, la subsecretaria del Ministerio del Interior, Gabriela Valverde, señaló que se repasa los protocolos para prevenir este flagelo, y remarcó la necesidad de trabajar interinstitucionalmente para erradicar esta problemática. 

Sin embargo, sindicatos policiales y especialistas coinciden en que todavía queda mucho por hacer.

Entre los reclamos más frecuentes aparecen, un mayor acceso a atención psicológica, el seguimiento más cercano de los funcionarios jóvenes, la creación de programas de prevención del suicidio y mejores condiciones laborales.

Algunos dirigentes sindicales incluso han definido el fenómeno como una “pandemia silenciosa” dentro de la fuerza policial.

Un desafío para toda la sociedad

La salud mental de los policías no es únicamente un problema institucional. También es un tema que interpela a la sociedad.

Los efectivos policiales cumplen un rol central en la seguridad pública, pero al mismo tiempo son trabajadores expuestos a una presión constante.

Cuidar su bienestar psicológico no solo implica proteger a los propios funcionarios, sino también fortalecer el funcionamiento del sistema de seguridad. Por eso, cada vez más especialistas coinciden en que el abordaje debe ser integral.

Conclusión

Los números hablan por sí solos: 17 suicidios en poco más de un año dentro de la Policía uruguaya son una señal de alerta que no puede ser ignorada.

Detrás de cada caso hay una historia, un uniforme y una vida que se apaga demasiado pronto.

Hablar de salud mental dentro de las fuerzas de seguridad ya no es un tema secundario. Es, cada vez más, una prioridad urgente para el Estado, las instituciones y la sociedad en su conjunto.

 

Foto: gub.uy