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Arranco con una pregunta que parece simple, pero no lo es: ¿qué pasa cuando la misma empresa que durante 15 años fue sancionada una y otra vez por impedir que otras marcas de cerveza le hicieran sombra, hoy sale a decir que no puede sobrevivir porque hay demasiada competencia? Eso es, ni más ni menos, lo que está pasando con Fábricas Nacionales de Cerveza (FNC). La cervecera que es propiedad del gigante internacional AB InBev y que produce las marcas Pilsen, Patricia, Zillertal, entre otras. Además comercializa la línea Pepsi.

La industria cervecera uruguaya arranca en 1866, cuando un inmigrante alemán, Conrado Niding, funda la primera cervecería del país en Montevideo. Durante décadas hay varias cervecerías compitiendo entre sí, hasta que la crisis de 1929 y el proteccionismo estatal empujan a dos de esas empresas —Cervecerías del Uruguay y Cervecería Oriental— a fusionarse. Así nace, en mayo de 1933, Fábricas Nacionales de Cerveza.

Hoy FNC es parte de AB InBev, la cervecera más grande del mundoy que llegó a Uruguay a través de Ambev, el brazo brasileño del gigante belga. En el país emplea a más de 700 personas, tiene a través de FNC dos cervecerías —en Montevideo y Minas— y como AmBev dos malterías, una de ellas en Paysandú.

¿Y qué toma el uruguayo cuando toma FNC? Localmente la empresa produce Pilsen, Patricia, Norteña, Zillertal y Stella Artois. Y además importa y distribuye otras marcas que no fabrica acá: Corona, Budweiser, Patagonia, y —esto es importante para lo que viene— Brahma y Skol, que son marcas brasileñas de su propio grupo. O sea: FNC no solo compite contra la cerveza importada. En parte, FNC es también la que la trae.

Ahora, ¿cómo ha sido la competencia para FNC? La empresa llegó a tener el 95% del mercado de la cerveza en Uruguay en la primera década del 2000. Y FNC ha tratado de mantener ese poder de mercado. En los últimos 15 añostuvo tres sanciones firmes de la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia, en tres momentos distintos, por la misma conducta repetida: prácticas anticompetitivas que están prohibidas por la ley de Promoción y Defensa de la Competencia.

La primera sanción fue en 2013. La investigación había arrancado en 2008, cuando Osanil, que en ese momento importaba Heineken, denunció que FNC ofrecía bonificaciones a los almacenes y comercios minoristas a cambio de que sacaran a Heineken de las heladeras, o directamente dejaran de venderla. La Justicia le dio la razón al organismo de competencia en 2016, y FNC tuvo que pagar 1,14 millones de dólares. En su momento, la multa más alta que se había aplicado nunca en Uruguay por el organismo, en este caso por abuso de posición dominante.

En 2016 llega una segunda denuncia, esta vez de Milotur, la filial uruguaya de la chilena CCU, que para entonces representaba a Heineken y a Schneider. La denuncia decía que FNC, con un mercado que rozaba el cuasimonopolio, firmaba contratos de exclusividad con los comercios para bloquear el ingreso de esas marcas. En 2017 la Comisión aplicó otra multa récord de 1,9 millones de dólares. FNC peleó el caso hasta la Suprema Corte de Justicia. Perdió otra vez por abuso de posición dominante.

Y la tercera, la más grande de todas: en 2022, tras una investigación que la propia Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia había abierto de oficio en 2019, la Comisión constató que FNC tenía más del 90% del mercado cervecero uruguayo, y que un 40% de ese volumen se vendía bajo acuerdos de exclusividad con más de 6.000 comercios minoristas de todo el país. La multa fue de 4,8 millones de dólares. La más alta que ese organismo le aplicó a una empresa en Uruguay, por cualquier motivo.

En los tres casos, la práctica sancionada fue la misma —acuerdos/contratos de exclusividad con comercios minoristas para bloquear a competidores, haciendo abuso de la posición dominante de FNC (90-96% del mercado según el período).

Y ojo con esto, porque es el contrapunto que me parece central para entender lo que pasa hoy. Durante esos mismos años —los años en que FNC era multada por abusar de su posición dominante— la empresaera rentable, participaba con normalidad en las rondas de consejos de salarios, acordando laudos y beneficios importantes para sus trabajadores. No hubo, en ese momento, ninguna alarma pública de la empresa diciendo que no podía competir.

El giro llega recién en 2024. Ahí FNC empieza a hablar, por primera vez con fuerza, de «problemas de competitividad»: anuncia el cierre de la planta de Minas, que después de una negociación con el gobierno y el sindicato se reduce a un recorte de personal, de 150 a 59 trabajadores.

Y en 2026 la historia se repite: la empresa manda a todo el personal de Minas al seguro de paro, dice que está revisando la viabilidad de todo su negocio en el país, y hoy, está negociando con el gobierno y el sindicato un plan que implica el cierre definitivo de la planta de Minas, recortar unos 80 puestos de trabajo, mientras evalúa si sigue produciendo cerveza en Uruguay.

El sindicato de Pilsen no se queda callado. Dice que los laudos que la propia empresa firmó en su momento son innegociables, y que acá hay algo más que no se está contando del todo. Y hay un dato que conviene tener sobre la mesa: FNC cerró su ejercicio 2025 con una ganancia de unos 20 millones de dólares.

¿Y qué hay del argumento de fondo, el de la competencia importada? Ahí sí hay algo real. Los relevamientos de precios en la frontera muestran que la cerveza en los supermercados de Uruguay puede costar entre un 120% y un 135% más que del lado braisleño. De hecho llegan a Uruguay latas de cerveza importadas a 40 pesos, un valor que ni de cerca puede igualar una lata producida acá. Y la propia empresa, cuando explicó por qué en 2022 quiso empezar a importar Pilsen y Norteña desde Argentina —algo que después frenó por la presión sindical— dijo que producir un litro de cerveza en Uruguay le cuesta hasta dos veces y media más que en Argentina o Brasil.

Y con todo esto arriba de la mesa, la pregunta que me parece que hay que hacerse es la siguiente: el abuso de posición dominante que fue sancionado tres veces en quince años, ¿era la forma en que FNC podía competir? La misma empresa que buscaba bloquear la competencia y tenía entre 95% y 90% del mercado, hoy se enfrenta a la competencia y dice que evalúa si puede seguir produciendo cerveza en Uruguay.

No digo que no haya un problema real de costos en Uruguay, porque existe, y es un debate que excede a esta empresa. Lo que digo es que conviene escuchar el relato de FNC con la memoria puesta en su historial.