Escuche el informe completo aquí:

 

Hay temas que se discuten todos los años. Las tarifas públicas son uno de ellos.

Empieza el año… y la conversación se repite:

“¿Cuánto sube la luz?”

“¿Cuánto aumenta el agua?”

“¿Qué pasa con el internet?”

Pero cuando bajamos la espuma del debate político y miramos el período completo, la foto cambia. Hoy vamos a hacer eso.

No vamos a mirar un ajuste puntual.

Vamos a mirar seis años completos.

Desde 2020 hasta 2026.

 

El punto de partida

En ese período, la inflación acumulada en Uruguay fue de 39,6%, Traducido al uruguayo criollo: algo que costaba 100 pesos en 2020, hoy cuesta casi 140.

Ese es el contexto general en el que se movieron todas las tarifas.

Porque una cosa es cuánto sube algo en pesos, y otra muy distinta es cuánto sube en relación al resto de los precios.

Ahí aparece el concepto clave: variación real.

 

La electricidad

Si miramos la evolución de UTE, la tarifa acumuló un aumento de 29,3% en seis años.

29,3 frente a 39,6, lo que significa que creció 10 puntos por debajo de la inflación.

En términos reales, la tarifa eléctrica bajó aproximadamente un 10%. Es decir: nominalmente aumentó, pero perdió contra el aumento general de precios.

Para un hogar promedio, la luz hoy pesa menos en términos relativos que hace seis años.

 

El agua

Ahora vamos a OSE.

Aquí la historia es distinta, porque el aumento acumulado fue de 42,6%, es decir, 3 puntos por encima de la inflación, por lo cual, en términos reales, el servicio de agua subió alrededor de 3%.

Es la única de las tres grandes empresas públicas analizadas que le ganó a la inflación en este período.

No es un disparate, pero sí es una diferencia.

 

Las telecomunicaciones, el internet y acá el dato más llamativo.

Las tarifas de Antel aumentaron 20,78% en seis años.

La inflación fue casi 40%, y eso significa que quedaron 18,8 puntos por debajo, por lo tanto en términos reales, las telecomunicaciones bajaron casi 19%.

Es la mayor caída relativa del período. Y no es un detalle menor en un país donde la conectividad es central para el trabajo, la educación y el consumo digital.

 

Entonces… ¿Hubo “tarifazo”?

Depende de cómo se mire.

Si uno observa cada ajuste anual, puede encontrar aumentos, Pero cuando se analiza el acumulado 2020–2026, la fotografía es más matizada:

Dos empresas crecieron por debajo de la inflación, Una creció levemente por encima, No hubo una disparada generalizada, y si hubo comportamientos distintos.

 El factor clave: el salario real

Pero todavía falta una pieza para entender el impacto real en los hogares.

Entre 2020 y 2021, el poder de compra cayó, a causa de la Pandemia, y luego comenzó una recuperación progresiva.

En el acumulado del período, el salario real termina levemente por encima del nivel previo a la pandemia, aunque con un recorrido irregular.

Entonces la comparación cambia. Si el salario real se recompone y dos tarifas crecen por debajo de la inflación, eso implica que:

La electricidad hoy debería representar un peso relativo menor en el presupuesto que hace seis años, Las telecomunicaciones claramente pesan menos en términos reales, y por su parte el agua, en cambio, sí muestra una presión algo mayor.

Dicho de otra manera: Si a mi, del presupuesto mensual, las tarifas me implicaba un 10% de mis ingresos, hoy en día me pesan menos, puedo destinar ese dinero, que antes se me iba en tarifas, a otras cosas.

Y ahí aparece la discusión estructural. ¿Qué política hubo detrás?

Una posibilidad es que las tarifas hayan funcionado como herramienta para moderar la inflación. Otra lectura es que las empresas públicas absorbieron parte de los costos. Otra, que hubo decisiones selectivas según necesidades de inversión o resultado fiscal. 

No hubo congelamiento, No hubo explosión, pero sí hubo administración, y en economía, administrar también es decidir.

En 2026, el comportamiento de las tarifas mantiene en parte la lógica observada en el acumulado del período, aunque con matices. Con una inflación que se ubica en el entorno del 3,1%, tanto Antel como UTE ajustaron sus tarifas en un porcentaje similar. Es decir, acompañaron la inflación, sin generar ni pérdida ni ganancia en términos reales. En otras palabras, se mantuvieron estables en el poder de compra.

El caso diferente vuelve a ser el de OSE, que aplicó un aumento de 8,5%. Con una inflación del 3,1%, eso implica una suba real cercana a los cinco puntos porcentuales. No es un salto menor y marca, nuevamente, un comportamiento diferencial respecto a las otras empresas públicas.

Así, si se observa 2026 de forma aislada, la electricidad y las telecomunicaciones mantienen una política de ajuste alineada con el nivel general de precios, mientras que el servicio de agua muestra una corrección por encima de la inflación, que es para las obras que se proyectan en Casupá, que busca abastecer de agua potable a la zona metropolitana y Montevideo. 

En términos reales, los precios de UTE se ubicaron un 10% por debajo de la inflación, las de OSE un 3% por encima de la inflación y Antel se despegó y está casi un 19% por debajo de la inflación.

Punto de Encuentro consultó a un economista independiente para ampliar la mirada. Y su planteo introduce un elemento que muchas veces queda fuera del debate público: los costos empresariales. Las tarifas no se definen en el vacío. Detrás hay estructura de costos, inversión, mantenimiento, deuda y sostenibilidad financiera. Analizar únicamente cuánto suben o bajan sin mirar la rentabilidad de las empresas públicas puede dejar la discusión incompleta.

Según esta visión técnica, Uruguay no utilizó las tarifas públicas para controlar la inflación en estos años. La baja de la inflación respondió principalmente a la política monetaria del Banco Central, es decir, al manejo de tasas de interés y liquidez. Las tarifas influyen, pero su impacto en el índice general de precios es acotado.

Además, cuando se cruzan los datos con el salario real, el concepto de “tarifazo” pierde fuerza. Si los salarios hoy rinden más que en el punto más bajo del ciclo y la mayoría de las tarifas crecieron por debajo de la inflación acumulada, el peso relativo de esos servicios en el presupuesto de los hogares no se habría deteriorado estructuralmente. De hecho, en perspectiva de largo plazo, las tarifas públicas en Uruguay muestran una tendencia descendente en términos reales en los últimos 15 años.

Finalmente, aparece un punto estructural: la rentabilidad. Una empresa pública que no es rentable no es sostenible en el tiempo. Necesita invertir, mantener infraestructura y garantizar calidad de servicio. Desde esa lógica, empresas como UTE y Antel muestran hoy una situación más sólida que OSE o Ancap, que enfrentan mayores desafíos financieros.

La discusión Política:

Desde la oposición, cuestionaron el cambio de las paramétricas para anunciar los precios de las tarifas públicas que impulsó el Gobierno actual. 

El senador nacionalista, Sebastián Da Silva, en diálogo con Punto de Encuentro defendió la política tarifaria aplicada durante el Gobierno que encabezó Luis Lacalle Pou y fue llevada adelante por la ministra de Economía de aquel entonces, Azucena Arbeleche, al tiempo que criticó al exministro de Economía, ya fallecido, Danilo Astori.

El legislador también analizó la tarifa de los combustibles la cual viene cayendo en términos reales, según indicó uno de los economistas consultados por Punto de Encuentro, y no descartó la idea de liberalizar este sector, como hicieron con la portabilidad numérica en Antel. 

Por su parte, desde el oficialismo defendieron el aumento tarifario en Enero de este año, y explicaron que el mayor aumento que fue el de OSE, que alcanzó un 8,5%, se debe a “peculiaridades” entre las que destacan la financiación de las obras, como Casupá y el saneamiento en el interior del país.  

Según indicó a Punto de Encuentro una fuente parlamentaria, “es la que más aumentó pero es la que menos pega en el bolsillo de los ciudadanos”.

 Conclusión:

Las tarifas públicas son siempre tema sensible porque impactan todos los meses en cada hogar. Pero cuando se corre el foco del ajuste puntual y se mira el período completo, la discusión cambia de tono, porque no todo aumento es igual Y no toda suba nominal implica una pérdida real.

Entre 2020 y 2025, el comportamiento fue desigual, Y entender esa diferencia es clave para discutir con datos… y no solo con percepción.